En los últimos años, ha habido un incremento de la promoción y participación de las mujeres en prácticas deportivas basadas en ejercicios de fuerza y potencia, debido a éste aumento la justificación del siguiente estudio.
ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN MUJERES
El entrenamiento de fuerza mejora tanto la fuerza del músculo esquelético, reduce las probabilidades de lesiones, etc. Por fin la idea de que el entrenamiento de fuerza es medicina ahora está establecida, con revisiones que destacan los beneficios de este tipo de entrenamiento en la salud.

La relación del entrenamiento de fuerza y el tejido muscular ha tenido menos atención en el estudio en mujeres debido principalmente al rechazo de los investigadores a rendir cuentas a la variabilidad que incorporan exclusivamente las mujeres, como el ciclo menstrual, el embarazo, lactancia, anticonceptivos hormonales o menopausia. (Bruinvels G et al 2017).
Pero en realidad ésta complejidad de los estados fisiológicos y los sistemas biológicos es lo que hace que sea tan importante la investigación en ésta población.
Las diferencias sexuales existen en la fuerza muscular y la adaptación al entrenamiento de fuerza:Los hombres tienen hasta un 157% más de fuerza relativa en los miembros superiores.Las mujeres demuestran un 73% más de fuerza relativa de la parte inferior del cuerpo con comparación con su fuerza en la parte superior.
Otro dato interesante es que las mujeres demuestran más o menos dos veces menos de fatiga que los hombres, pero esta ventaja puede disiparse a intensidades superiores al 80% 1 RM dónde los hombres suelen tener menos fatiga (Hicks AL, 2001), pero sí que necesitan menos tiempo de recuperación trabajando a éstas intensidades, tanto en ese mismo momento como 24 horas después.
Todo esto se puede explicar por qué las mujeres poseen mayor proporción de fibras musculares tipo I que son más resistentes que las tipo IIa y IIx (Huntyers SK et al 2014)
Existen diferencias sexuales en la fuerza muscular, pero los métodos para aumentar la fuerza y la hipertrofia son igualmente válidos tanto para hombres como para mujeres, desde el inicio del protocolo, los porcentajes relativos son similares en ambos casos, y en ocasiones hasta un 10% mayor en mujeres (Kell RT et al 2011)
Por tanto, parece ser que tanto hombre como mujeres responden prácticamente igual al entrenamiento de fuerza (relativa), aunque aún queda por saber bastantes cosas, como por ejemplo si la adecuación del entrenamiento de fuerza debe estar adaptado a las diferentes etapas del ciclo menstrual en mujeres.
MASA MUSCULAR EN MUJERES
La síntesis de proteínas musculares aumenta de manera similar en hombres como en mujeres después del entrenamiento, expresan síntesis de proteínas basales como degradación proteica similares (Fujita S et al 2007)
Todo esto sugiere que las diferencias sexuales en la fuerza absoluta y la masa muscular a lo largo de la vida puede ser impulsado por otros mecanismos diferentes de la síntesis proteica, como por ejemplo la liberación de hormonas.
¿POR TANTO SERÁ CUESTIÓN DE HORMONAS?
Estrógenos y andrógenos son grupos de hormonas sexuales endógenas producidas tanto en hombres como en mujeres; la testosterona es la hormona andrógeno más abundante, la testosterona aumenta la liberación intracelular de calcio y activa las vías que promueven la síntesis de proteínas musculares e inhibe las que promueven la degradación de proteínas musculares.
En mujeres se encuentra un 10% menos que en hombres; en los hombres en entrenamiento de fuerza libera testosterona, pero por el momento esta elevación aguda no parece correlacionarse con la hipertrofia muscular, pero si mejora el contenido del receptor en andrógenos.
Por otro lado, en las mujeres la testosterona inducida por el ejercicio es mínima, y no se llega a encontrar una respuesta después del ejercicio de fuerza, aunque el contenido del receptor de andrógenos sí que incrementa en una tasa más rápida que en los hombres después de una sesión de entrenamiento de fuerza (Vingren JL et al 2009).
Sin embargo, esta regulación positiva no es suficiente para contrarrestar el bajo nivel basal de testosterona de las mujeres, ni la fluctuación de la testosterona a través del ciclo menstrual (Liening SH et al 2010)

HORMONA DEL CRECIMIENTO (GH) E INSULINA 1IGF -1
Es verdad que tienen menos testosterona las mujeres, por lo tanto, asume el papel a la hormona de crecimiento (GH) y la insulina 1 IDF-1 ya que tienen 3 veces más cantidad que los hombres, esto explica que, aunque se tenga menos testosterona no limita la cantidad de músculo que pueden construir las mujeres con respecto a los hombres.
ESTRÓGENOS Y PROGESTERONA
Son dos hormonas sexuales primarias que regulan y actúan el ciclo menstrual, el 50% de las atletas femeninas de élite y activas perciben que su ciclo menstrual afecta a su entrenamiento y rendimiento.
3 Fases el ciclo menstrual tiene: fase folicular (inicio), fase lútea (inicio ovulación) y fase de ovulación; se observa que hay un aumento de estrógeno durante la fase folicular en el rendimiento de fuerza y disminuye en la fase lútea.
El estrógeno induce efectos positivos en las mujeres, influye positivamente en la hipertrofia del músculo esquelético, mejora la proliferación de mioblastos in vitro y el tamaño muscular en roedores in vivo, tiene un papel importante en la reparación y regeneración muscular, tiene un efecto anabólico y anti catabólico, protege articulaciones, huesos y tendones, controla la inflamación, aumenta los niveles de hormona de crecimiento y mejora la contracción muscular.
Por lo tanto, visto todo esto, se podría especular que el entrenamiento de fuerza realizado en la fase folicular tardía del ciclo menstrual podría potencialmente promover una mayor síntesis de proteínas del músculo esquelético que en otras fases. Sin embargo, se necesita más investigación para comparar las tasas de síntesis de proteínas musculares en las diferentes fases del ciclo.
CONCLUSIONES
Mientras que se realicen los mismos protocolos de entrenamiento de fuerza tanto en hombres como en mujeres, los dos pueden tener respuestas similares en la síntesis de proteínas el músculo esquelético y también similares adaptaciones en el rendimiento.
Las diferentes respuestas hormonales al entrenamiento de fuerza, sugieren que puede haber formas de optimizar las adaptaciones de entrenamiento de fuerza para las mujeres, aunque aún queda mucho por determinar cómo hacerlo y saber si habría una diferencia sustancial.

REFERENCIA PRINCIPAL
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